jueves, 5 de junio de 2008
él, mi miedo
A veces se llega demasiado tarde. A veces el miedo nos retrasa, nos paraliza y nos impide pensar con claridad. A veces cuando llego tarde, me pregunto cuánto tiempo he perdido buscando el valor para iniciar el camino. Y me doy cuenta de que siempre tardo menos en cobijarme bajo la excusa del miedo. Ahora pienso en mis fallos con calma, intentando aprender de nuevo de los errores pero me miro al espejo y no me reconozco. Esta noche sólo una cosa tengo clara: ya no sé querer y tampoco quiero. Primero aprendí a no quererme y poco a poco, olvidé querer. Después, sin darme cuenta, a base de gestos inconscientes y temores tamizados, le enseñé a él a no quererme, a ellos.. da igual, no hay diferencia… Todos son soledades idénticas. Vacíos que arañan el frágil cristal de la autoestima. Todo se viene abajo de golpe con una simple palabra o con un complejo silencio. Suenan igual sus palabras y sus silencios o no suenan. Las paredes de mi abismo amortiguan el sonido. Y se tragan el eco antes de que surja…Aún no sé si se ha marchado o todavía se está yendo. Es él quien se mueve alrededor de mi quietud, el que deja las puertas entornadas, el que pone y quita los pequeños instantes en mi vida. Y yo, mientras tanto, tan sólo observo de reojo sus movimientos para atraparlos o para esquivarlos, da igual.. no hay diferencia.
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